Bonavena – Peralta: A 50 años de “La noche de las cuerdas flojas”


Gregorio “Goyo” Peralta era un boxeador sanjuanino de depurada técnica.

Su peso habitual rondaba los 85 kilos en época de apenas 8 divisiones.

Eso lo puso en una situación difícil para desarrollar su carrera : eran demasiados kilos para ser  un medio-pesado y resultaba ser muy liviano para la categoría máxima.

Sin embargo, en 1961 le arrebató el título argentino pesado a José Georgetti  dándole 13 kilos de ventaja.

En la década de 1950 estuvo radicado en Montevideo, realizando algunos combates y entrenando siempre en L’Avenir, conquistando el afecto de todos sus compañeros por su humildad y dotes de caballero.

Su activa militancia peronista le había cerrado las puertas en su país luego de la caída del General.

Las vinculaciones logradas en el club le permitieron conseguir un empleo en la tradicional casa London París, ubicada en 18 y Río Negro.

De allí salía todas las tardes para entrenar.

Cuando retornó a Argentina, acumulando éxitos, el surgimiento en el firmamento boxístico de Oscar “Ringo” Bonavena le puso enfrente a un adversario con un estilo totalmente opuesto al suyo.

Luego de una serie de contundentes victorias en 1964 en Estados Unidos, casi todas por KO , Bonavena cayó por puntos ante Zora Folley en Febrero de 1965 y emprendió el retorno a su país, en el cual no había todavía combatido como profesional.

Con un estilo de pelea basado en su potencia física y con una verborragia que lo hacía “venderse” estupendamente, generando amores y odios, fue eliminando rivales hasta ganarse un lugar como desafiante del campeón.

En setiembre de 1965 se enfrentaron en el Luna Park en un combate a 12 asaltos y el retador ganó por puntos por fallo unánime, habiendo tirado a “Goyo” en el quinto.

La pelea había generado una tremenda expectativa y el viejo escenario estuvo repleto.

Ambos continuaron con sus carreras y Peralta llegó a vencer al Campeón del Mundo Medio Pesado Willy Pastrano.

Cuando lo enfrentó por el título mundial en la revancha, tuvo la desgracia de lesionarse y fue retirado en el sexto round.

La rivalidad con Bonavena seguía en auge en el Río de la Plata y se pactó la revancha cuatro años después de la primera pelea : sería en Montevideo, en el Cilindro Municipal el 8/8/69.

El sólido prestigio del que gozaba L’Avenir en el deporte uruguayo y la comodidad y excelente ubicación de su sede social, ubicaron al club como el centro de toda la “movida” que rodeó al combate.

Lo que “Ringo” no imaginaba era que todo Montevideo estaba con Peralta.

Quizás por su pasaje anterior entre nosotros, quizás porque los uruguayos rechazaban el estilo fanfarrón  de su rival, o simplemente porque el gusto por el buen boxeo se imponía, “Goyo” era el favorito de los aficionados.

Y en la calle Maldonado y Paraguay todo ese sentimiento era mayor todavía.

Las instalaciones eran una romería durante toda la jornada : periodistas especializados uruguayos y argentinos, aficionados que abarrotaban el gimnasio de box en cada entrenamiento, fotógrafos, radio y televisión.

Bonavena se mostró como una persona jovial, que incluso finteaba en broma con algunos niños del club.

Peralta había traído como sparring un ex-pesado argentino de físico enorme, quizás para prepararse para las duras manos de “Ringo”.

Cuando este hombre le pegaba a la bolsa era impresionante, y todos pensábamos como se las iba a arreglar Peralta ante los embates de Bonavena.

Las sesiones de “cuerda” de “Goyo” eran un deleite, mostrando un virtuosismo para el ejercicio que no recordamos haber visto ni antes ni después.

Obviamente los boxeadores entrenaban en horarios separados, por lo general uno al mediodía y el otro en la tarde.

José Laurino, periodista ya desaparecido que era el cronista de boxeo más importante de aquellos tiempos, pasaba el día en la sede de Maldonado 1124.

A la salida de un entrenamiento ( los boxeadores se cambiaban y se bañaban allí, no como ahora que hacen todo en el hotel ), esperamos a “Ringo” en la puerta con la foto de “El Gráfico” de la primera pelea, con Peralta en la lona, y le pedimos un autógrafo.

Muy serio, escribió “Cariñosamente …Ringo” y luego nos dijo : “pibe, no se la vayas a llevar a Peralta para que te la firme”, a la vez que sonreía con picardía.

El concesionario de la cantina de L’Avenir era Arquímedes Pérez Parson, ex destacado boxeador de la década del 50, que siempre había sumado a sus dotes de estilista una forma de vida cargada de bohemia, al estilo del Montevideo de entonces.

Pérez Parson hacía un culto de la prolijidad y el buen vestir, casi con la misma sutileza con la que se había movido en los rings.

Finalmente, estuvo en el rincón de Bonavena y acompañando a Peralta nuestro conocido asociado Simón Gaer, que se había destacado como técnico en los años 50.

Los promotores enviaron al Consejo Directivo muchas entradas de cortesía que fueron repartidas entre los socios aficionados al boxeo y esa noche fuimos al Cilindro con Oseas Asaravicius, “El Sique”, que nos llevó y nos trajo en su Impala de 1964, un transatlántico disfrazado de auto que aparcó a pocos centímetros del Cilindro.

A nosotros el boxeo ya nos había cautivado, pero era la primera vez que concurríamos a una velada profesional.

Con 16 años, se podía andar por Montevideo sin problemas, ir al Estadio de noche o seguir el Federal de Basketball, pero no era común “colarse” en el boxeo.

La pelea nos tendría reservado un desenlace inesperado.

Favoreciendo el estilo de Peralta, las cuerdas cedían escandalosamente cuando éste se refugiaba y Bonavena trataba de alcanzarlo.

Peralta sacaba el torso fuera del ring y las manos de “Ringo” no llegaban.

No hubo cruces duros y “Goyo” dominó el trámite porque un recurso “extra” neutralizó a su rival.

El fallo fue empate y Peralta fue alzado en andas ante una masa eufórica que no quería a Bonavena.

Cada uno seguiría luego su derrotero, el de Oscar Bonavena es más conocido y terminó trágicamente.

Peralta, que no le hacía asco a ningún rival, se dio el lujo de pelear en 1970 con Foreman y perdió por puntos, cuando el temible George venía noqueando a todo el mundo y ascendiendo en la categoría pesado.

En 1971, le pidió en forma casi suicida la revancha y tampoco fue noqueado, aunque debió abandonar en el décimo por retiro médico.

En el cierre de su carrera se fue a España, combatiendo hasta los 38 años de edad.

Allí echó por tierra las aspiraciones del famosa “Vasco” Urtain y completó una serie de 111 combates profesionales.

Fue miembro de una familia de cuatro hermanos y todos boxearon, siendo Avenámar el más recordado de los otros tres como Campeón Argentino Medio Pesado.

Casi cincuenta años después, seguimos sin saber quién o quienes armaron el ring en la “noche de las cuerdas flojas”.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *