Leyenda ovalada. “Estás a un minuto del mundial”


Esa fue la respuesta del referee irlandés Alan Lewis cuando Diego Ormaechea le preguntó cuánto faltaba para que finalizara el partido en Casablanca. El capitán no lo dudo y pidió lanzamiento a los palos para sellar el pasaporte al Mundial de Gales de 1999. Sciarra ejecutó el penal y sumó los últimos 3 puntos que determinaron el resultado final de la llave. Los Teros se impusieron por un marcador global de 36 a 24 para clasificar por primera vez a la gran cita global de este deporte. Un verdadero “Maracanazo” ovalado que catapultó al rugby uruguayo amateur al máximo nivel de competencia profesional. Un ejemplo contundente de que la rica gloria celeste también se forjó en base a los éxitos obtenidos jugando con otra pelota.

Escribe: Federico Maritán

La parsimonia característica de cada 1 de mayo fue sacudida en 1999 con la noticia de que Uruguay había clasificado a un mundial. Algo que no se escuchaba de forma habitual en aquellos años 90 dadas las sucesivas frustraciones de las aspiraciones mundialistas de las populares selecciones de fútbol y de básquetbol. Pero ese tiempo era diferente porque era el momento que le correspondía al rugby para seguir enriqueciendo la inmensa gloria deportiva de este pequeño país.  Una vez más, un grupo de orientales vestido con casaca celeste (en este caso los tradicionales buzos que aún se estilaban) hacían historia en suelo africano al conseguir el último cupo disponible para la Copa Mundial de Gales frente al seleccionado profesional de Marruecos. Un triunfo épico en los 160´ finales del repechaje que se cimentó sobre el sólido trabajo desarrollado por el rugby uruguayo durante toda esa década. Un proceso ejemplar que comenzó en la órbita de las selecciones juveniles y que culminó con el triunfo más importantes del rugby uruguayo hasta ese entonces. Porque la puerta del éxito siguió abierta tanto para ese grupo de deportistas como para quienes siguieron el camino que delinearon.

Logo anterior de la Rugby World Cup. Desde 2016, la IRB pasó a denominarse World Rugby en el marco de su estrategia de expansión global.

EL GRAN SUEÑO DE UNA PEQUEÑA UNIÓN   

La Copa Mundial de Rugby fue un torneo que demoró bastante tiempo en concretarse más allá de la fama consolidada de los certámenes globales en otras disciplinas deportivas. Los tradicionales torneos del 5 Naciones en Europa (actual 6 Naciones disputado por Inglaterra, Irlanda, Gales, Escocia, Francia e Italia) y el Tres Naciones del Sur (actual Rugby Championship disputado entre Sudáfrica, Nueva Zelanda, Australia, y Argentina) eran las principales competencias del calendario de selecciones. Luego de un profundo debate entre las principales potencias de este deporte, la International Rugby Board (IRB) recién instauró su primer mundial en 1987 con la pugna por el Trofeo Webb Ellis. Nueva Zelanda y Australia fueron los anfitriones recibiendo a los 14 participantes restantes en calidad de invitados.  Sudáfrica fue excluido de la competencia por su política racista denominada Apartheid mientras que el resto de las invitaciones fueron cursadas a naciones con tradición rugbística. Uruguay no ingresó en esa selectiva nómina. Los All Blacks vencieron a Francia por 29 a 9 y alzaron por primera vez la copa al cielo en el mítico Eden Park.La gran repercusión que generó la novel competición, aunque la mayoría de sus encuentros no se pudieron transmitir en directo por TV para muchos países, motivó que un gran número de uniones nacionales solicitaran sus inscripciones ante la IRB para poder participar en las futuras ediciones. La Unión de Rugby del Uruguay (URU) solicitó su afiliación ante el ente regulador en 1989 pero no participó del proceso clasificatorio a Inglaterra 1991. Recién incursionó en la competencia eliminatoria de 1993 rumbo a Sudáfrica 1995. Los Teros demostraron que estaban a la altura de las circunstancias y casi lograron su primera participación mundialista en un inolvidable match frente a Los Pumas en el Parque Central. Los celestes llegaron a ir ganando, pero los argentinos lograron finalmente el triunfo tras la trifulca que se desencadenó en el campo de juego por los polémicos fallos arbitrales. Más allá de no conseguir el cupo para Sudáfrica, la magistral actuación del seleccionado mayor se enmarcaba en el proceso evolutivo del rugby en nuestro país. El triunfo parcial frente a los argentinos, las participaciones de Los Teritos en los mundiales de su categoría, el alto nivel de competitividad de Carrasco Polo frente a los clubes argentinos en las competiciones regionales y el furor mediático de los Seven a Side veraniegos de Punta del Este, eran estímulos suficientes para seguir profundizando la labor. La dirigencia uruguaya decidió seguir en la misma línea y volvió a confiar la conducción técnica del seleccionado mayor a Pastor Silva. El gran “Chichito” decidió incluir en su cuerpo técnico al joven entrenador Daniel Herrera. El reconocido productor teatral ya contaba con una importante experiencia acumulada y fue quien dirigió la inolvidable gesta del 99.

La otra Celeste de Pablo Ferrari relata los detalles de aquella aventura. El autor se estrenó como manager de la selección en ese proceso cumpliendo un rol fundamental en la concreción de todos los detalles.

DESDE EL NIDO DE LOS TEROS HASTA GALES.                                          UN LARGO VUELO HACIA EL NORTE

Daniel siempre estuvo vinculado a Carrasco Polo y comenzó dirigiendo al plantel de primera división  de su club desde muy joven. Cuando “Chichito” lo convocó, no lo dudo ni un instante porque sabía que había muy buenos pichones en el nido de Los Teros. “Dirigimos con Pastor el Sudamericano de 1990 y veníamos con el proceso de selección juvenil de Los Teritos desde 1991.  En ese año, fue el primer mundial que dirigimos con Pastor Silva y Washington “Quique” Amarillo. A partir de ahí, fueron casi diez años de trabajo. Llegamos al 98 con una base de jugadores que conocíamos y con los cuales nos habíamos mentalizado llegar al mundial. Esa era la realidad” sentenció Herrera al expresar cual era el gran objetivo de aquel grupo que luego encabezó. Silva debió renunciar a la conducción técnica de la selección por motivos de índole personal y Daniel pasó a ocupar el cargo de Head Coach en 1996. Este movimiento determinó la incorporación de Nicolás Inciarte como asistente principal de Herrera.  Modificaciones que no sustituyeron el ambicioso propósito de ser uno de los 20 países que izaran su bandera en suelo británico.

Uruguay comenzó su camino a Gales en la Ronda 3 del proceso clasificatorio americano. Esta fase consistió en un triangular junto a Paraguay y Chile, a una sola ronda, para conquistar un lugar en el definitorio Panamericano de 1998. Los celestes se impusieron a los guaraníes por 43 a 3 en Asunción y definieron como locales en Carrasco Polo ante los trasandinos. Un hecho que pasó de ser una supuesta ventaja a un obstáculo real. “Casi quedamos afuera. A los chilenos les facilitaba jugar de visitantes que de locales porque ellos sufrían mucho la presión de la prensa y del público. En el extranjero jugaban totalmente desinhibidos. Fue el mejor Chile que he visto y tenían el nivel para ir al mundial”.  Así describió el Head Coach la dureza de aquellos Cóndores con los cuales se enfrentaron Los Teros el 4 de abril de 1998. Uruguay ganó de forma  muy ajustada por 20 a 14 y clasificó al cuadrangular de los Juegos Panamericanos en Buenos Aires. Esa competición brindaba 3 plazas directas a la Copa del Mundo y un lugar en la repesca para el último de los ubicados. Argentina, Canadá y Estados Unidos eran los otros tres participantes siendo el equipo norteamericano el más accesible para conseguir la tan ansiada victoria de la clasificación. “Estuvimos mucho más cerca de lo que la gente piensa. Le estábamos ganando a Estados Unidos y faltando 8 minutos nos hacen un try y perdemos 21 a 16. Estuvimos a punto de clasificar ese día”. La derrota ante Las Águilas, junto a las predecibles caídas frente a Los Canucks y a Los Pumas, mandaron a Los Teros al final de la tabla y de forma directa al repechaje del año siguiente. El camino uruguayo al mundial iba a terminar siendo el más largo, pero también el de mayor aprendizaje.

Federico Sciarra en su función de medio scrum ante Los Lobos portugueses. Foto: La otra Celeste.

    LA PRIMERA GRAN SORPRESA DEL MUNDIAL                         SE DIO EN EL REPECHAJE

El mundo ovalado comenzó a centrar su mirada en esa unión (URU) amateur de Sudamérica que pretendía llegar al mundial para enfrentarse a los más poderosos del planeta. El repechaje comenzó frente a Portugal y el plantel trabajo varios meses de cara a la llave con los lusitanos. El primer partido se jugó en Montevideo el 13 de marzo 1999 y culminó con una goleada celeste. “Quedaron totalmente sorprendidos porque nunca se imaginaron que les íbamos a ganar por tanto. No los dejamos ni respirar. Tenían jugadores que jugaban en Francia y en otras ligas profesionales. Cuando se quisieron dar cuenta estaban 20 puntos abajo” rememoró Herrera sobre el inesperado resultado. El Head Coach lo sigue considerando como “de los partidos de rugby XV más completos que le vi a Uruguay” en base a que “los forwards dominaron completamente y los backs fueron muy efectivos afuera”. El resultado final fue 46 a 9 y la seria estaba prácticamente definida. La revancha se disputó el 3 de abril en el Estadio Universitario de Lisboa y los Teros volvieron a imponerse por un tanteador de 33 a 24.

Salvada la prueba con Portugal, restaba el examen definitorio con Marruecos. Un adversario mucho más complejo porque “habían cargado todas las pilas en la clasificación y tampoco habían pensado en perder con Uruguay” afirmó Herrera. Una historia conocida de memoria por el deporte uruguayo y cuya posta la tomaba el rugby para escribir una nueva página en el libro de las epopeyas.

ALTERANDO EL ORDEN NATURAL. UNOS TEROS MÁS FUERTES QUE LOS “LEONES DEL ATLAS”

La federación marroquí se propuso conformar un gran equipo para que los “Leones del Atlas” rugieran en Gales. Para ello, convocó a varios jugadores del rugby francés que eran descendientes de marroquíes. Inclusive, muchos de ellos nunca habían pisado el suelo de la patria de sus ancestros. El primer encuentro se desarrolló el 18 de abril en la cancha principal de Carrasco Polo y el cotejo fue muy duro desde el primer minuto hasta el final. El alto grado de profesionalismo del conjunto franco-marroquí se topó con el proceso de trabajo de una década asociado a la garrra charrúa que fluye en la sangre de cada deportista oriental cuando defiende la causa de su selección.  Uruguay realizó un planteo inteligente llevando el partido a su ritmo como forma de mitigar las virtudes de su adversario. Ellos se sintieron incómodos al no poder desplegar sus fortalezas y al encontrar un muro celeste ante el in goal. El partido fue de alto voltaje y la afición -ya en muy buen número- canalizó la tensión acumulada con el festejo del try que convirtió Alfonzo “Fonchi” Cardozo sobre la bandera y cerca del final. El partido culminó con victoria uruguaya por 18 a 3 y los marroquíes no lo podían creer. El enfado por el resultado lo dieron a conocer enseguida y el ambiente no culminó en los mejores términos. La revancha se advertía como una verdadera batalla.

El experimentado Mario Lamé fue imparable para la defensa marroquí. Foto: La otra Celeste

“Fuimos muy precavidos a jugar con el tiempo y con el score” reconoció Herrera al develar la premisa fundamental para el match de vuelta. Y agregó que “fue un partido tipo de Copa Libertadores. Nunca me había pasado. Había quedado muy picado”. Esta situación determinó que la delegación se alojara en Madrid y que viajara a Casablanca 48 hs antes del decisivo encuentro. La recepción que realizó la federación marroquí distó mucho de las tradicionales normas de cortesía del rugby y el plantel uruguayo fue enviado a un hotel en el centro de la movida nocturna de esa ciudad. Pero ninguna de estas acciones descentró a Los Teros del gran objetivo. Muchísimas horas de trabajo, esfuerzos, sacrificios y renuncias personales estaban en juego en esos últimos    80 minutos.

El día esperado llegó y la pelota fue lanzada al aire al darse el kick off. Rodrigo Sánchez, Diego Lamelas, Pablo Lemoine, Juan Carlos Bado, Mario Lamé, Martín Panizza, Nicolás Grille, Diego Ormaechea, Federico Sciarra, Diego Aguirre, Pablo Costabile, Pedro Vecino, Martín Mendaro, Martín Ferrés y Alfonzo Cradozo fueron los 15 titulares perpetuados en el formulario de la memoria.  Eduardo Berruti, Francisco De los Santos, Guillermo Storace, Leonardo De Olivera, Nicolás Brignone y Sebastián Aguirre fueron quienes ingresaron en el correr del encuentro desde el banco de relevos. Un total de 21 jugadores que parecieron 3 millones. El imparable empuje del scrum, la fuerza de cada tackle y mantenerse siempre a tiro en el tanteador, fueron factores fundamentales para alcanzar la meta. Marruecos se terminó imponiendo por 21 a 18 pero Uruguay ganó la serie por 36 a 24. La Copa del Mundo tenía su último clasificado y la organización del torneo empezaba a buscar las estrofas de nuestro Himno Nacional.

Daniel Herrera da instrucciones a los jugadores uruguayos. Una de las pocas ocasiones en las que el rugby utilizó camiseta roja como indumentaria alternativa. gettyimages.com.mx

“PUSIMOS LOS 10 AÑOS DE TRABAJO SOBRE LA MESA”

Es lo que considera Herrera a 22 años de la hazaña en la cual estuvieron todos los estamentos del rugby uruguayo “tirando para el mismo lado”. Daniel está convencido de que fue así y no escatima en reconocimientos para los diferentes protagonistas. En primer lugar, “le pongo un nombre y un apellido y es el de Atilio Rienzi. Sin dudas, fue el gran revolucionario del rugby uruguayo y tiene que estar en la más grande historia” Una afirmación que ilustra con el recuerdo de aquella vez en la que Rienzi se acercó y le preguntó: “¿Querés jugar un mundial juvenil?” Herrera le contestó afirmativamente y “al otro año, estábamos en el mundial juvenil”. Rienzi inscribió a Uruguay en la IRB, insertó a Los Teritos en los mundiales juveniles, creó la Asociación Panamericana de Rugby e ideó el Torneo Panamericano. Un verdadero vanguardista que prestigió al ámbito de la dirigencia del deporte nacional. Pero no fue el único adelantado que integró ese destacado staff. El inicio del proceso estuvo a cargo de Pastor Silva, uno de los mayores referentes de la ovalada criolla en toda su historia. Eduardo Cerruti y Nicolás Inciarte integraron el cuerpo técnico como colaboradores mientras que la preparación física estuvo a cargo del entrañable “Quique” Amarillo. Washington fue un gran hacedor de nuestro rugby y Herrera lo define como “el más grande entrenador de cancha que tuvo el rugby uruguayo. Fue un revolucionario del rugby sudamericano. Los argentinos lo admiraban”. Amarillo dejó un enorme legado y el gimnasio del Centro de Alta Rendimiento del Estadio Charrúa honra su memoria.

Y QUÉ DECIR DE LOS JUGADORES…

Uruguay contaba con un poco más de 300 jugadores registrados en primera división. Un reducido universo del cual debían ser extraidos los integrantes del plantel. La mayoría de ellos pertenecían a clubes con tradición rugbística destacándose la base aportada por Carrasco Polo. Los tricolores de Camino Carrasco transitaban un momento apoteósico que culminó con la obtención de 18 campeonatos uruguayos seguidos e importantes resultados a nivel internacional.  Sin embargo, ya comenzaban a incorporarse jugadores muy importantes procedentes del interior del país. De esta forma, empezaba a derribarse el mito de que los jugadores de rugby pertenecían a determinado sector social y que solo residían en una zona específica de Montevideo. Aquel competitivo plantel se armó en base a una sólida amalgama entre jugadores consolidados de amplio recorrido y jóvenes emergentes de los procesos de selecciones juveniles.

Diego Ormaechea (capitán del equipo que debutó en el mundial con 40 años y que integra el Salón de la Fama del rugby mundial), Mario Lamé, Eduardo Berruti, Fernando Paullier, Alfonzo Cardozo y Martín Panizza fueron quienes pusieron su bagaje de conocimientos en los campos de juego al servicio de la causa. Por su parte, el grupo de los chiquilines estuvo constituido por Diego Lamela, Guillermo Sotrace, Juan Machado, Juan Carlos Bado, Nicolás Grille, Nicolás Brignoni, Martín Mendaro, Diego Aguirre, Santiago Cat, Juan José Menchaca entre tantos otros que realizaron su aporte. A su vez, la selección contaba con las presencias de Pablo Lemoine y Rodrigo Sánchez. “Los dos mejores pilares que tuvo el rugby uruguayo en su historia” juzgó Herrera ya sea “por estilo, por juego y por temperamento. Eran grandes, pero corrían como un wing” sentenció. Lemoine comenzó el proceso clasificatorio como jugador de Montevideo Cricket y lo culminó como el primer rugbista profesional uruguayo en el Bristol de Inglaterra. Precisamente, la dirigencia uruguaya tuvo que realizar arduas gestiones ante la IRB para que Lemoine pudiera enfrentar a Marruecos en Casablanca dado que el club inglés no lo quería ceder. El pilar desarrolló una superlativa carrera profesional en Europa y su figura encarnó la puerta de entrada para muchos otros colegas del medio local.

Ese 1 de mayo de 1999, Uruguay conseguió su primera clasificación a la cuarta edición de la Rugby World Cup. Una proeza que se completó con la formidable actuación en el citado torneo frente a España, (debut con victoria por 27 a 15), Escocia (vigente campeón del 5 Naciones) y Sudáfrica (defensor del título). ´Pero el mayor éxito de esos Teros no fue precisamente dentro de la cancha. El rugby le enseñó a todo el deporte uruguayo la necesidad de planificar procesos de trabajo serios y sostenidos en el tiempo para poder desarrollar aceptables performances en la súper competitiva esfera del deporte profesional moderno. Muchas personas ajenas por completo a la pelota ovalada se acercaron al virtuoso útil a partir de los buenos resultados cosechados por esos muchachos que defendían a la camiseta como a su propia vida. El número de aficionados y de jugadores comenzó a crecer de forma constante y nuevas marcas comerciales decidieron asociar su imagen con el seleccionado dados los buenos valores que representaba. Inclusive, cuando el rumbo se había perdido al quedar eliminados de los mundiales de 2007 y 2011, el propio Pablo Lemoine como Head Coach apeló al legado que construyó con todos sus compañeros para gestar el último gran proceso que continúa en el presente.

Sin lugar a dudas, que esos Teros estaban “a un minuto del mundial” y de muchas otros éxitos.

Sueño cumplido en Casablanca. Foto: La otra Celeste.

El camino hacia Gales 1999

Ronda 3 Americana 

 28/03/98 Paraguay 3 Uruguay 43.  Asunción

04/04/98 Uruguay 20 Chile 14.  Carrasco Polo. Montevideo.

Juegos Panamericanos (3 cupos directos al mundial)

15/08/98 Canadá 38 Uruguay 15. Bs. As. Cricket and Rugby Club. Buenos Aires

18/08/98 Argentina 55 Uruguay 0  C.A.S.I. Buenos Aires

22/08/98 Estados Unidos 21 Uruguay 16  Bs. As. Cricket and Rugby Club. Buenos Aires.

Repechaje

13/03/99 Uruguay 46 Portugal 9. Carrasco Polo. Montevideo.

03/04/99 Portugal 24 Uruguay 33 Estadio Universitario. Lisboa.

Global. Uruguay 79 Portugal 33

18/04/99 Uruguay 18 Marruecos 3. Carrasco Polo. Montevideo

01/05/99 Marruecos 21 Uruguay 18. Club Olympique. Casablanca.

Global. Uruguay 36 Marruecos 24

Referencias.

Ferrari, Pablo. La otra Celeste. Crónica de Los Teros en su primer Mundial. Montevideo, 2012.

MemoriaRugby. Historia de la ovalada chilena. Clasificatorias americanas al mundial 1999. En: https://memoriarugby.cl/chile-en-clasificatorias-al-mundial-de-rugby-1999/

Rugbynews. 13 ganados-3 perdidos. En:http://www.rugbynews.com.uy/13-ganados-3-perdidos/