Uruguay 5 Francia 1


 



La reproducción pertenece al comienzo de la nota aparecida en el vespertino El Plata de Montevideo, el martes 3 de junio de 1924. Reproduce el artículo del periodista francés Andre Glaner sobre la victoria de Uruguay 5:1 lograda en Colombes, eliminando a Francia, el local, del torneo celebrado en París y organizado por la FIFA.
 

 

El poeta castellano Jorge Manrique nunca pensó cuando escribía las Coplas a la muerte del maestre don Rodrigo, su padre, que en un artículo vinculado con el fútbol uruguayo, alguien convocaría su memoria y sus textos. En primer lugar porque Manrique nació algo más de doscientos años antes que los ingleses inventaran el football association. En segundo término debido a que el autor dedicó el texto al fallecimiento de su progenitor y pase lo que pase, el fútbol uruguayo y tampoco el mundial van a morir. “Cualquier tiempo pasado fue mejor” sentenció en el texto citado después de sintetizar el tránsito humano de manera clara y sencilla: “cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte, tan callando”.

Si se solicitara a todos aquellos que hemos dedicado buena parte de nuestro tránsito terrenal al estudio de la historia del fútbol uruguayo, una síntesis que definiera la misma, en mi caso apelaría a la frase de Manrique referida al pasado. Se apilan por miles en las amarillentas páginas de los diarios los ejemplos de episodios brillantes y de triunfos que en la actualidad no sólo son imposibles. Tampoco se pueden soñar. Recurriré a uno de ellos que ocurrió hace noventa y cuatro años, resumido en el tanteador elegido para titular la columna.

El domingo 2 de junio de 1924 en el estadio de Colombes, por el primer campeonato del mundo de fútbol organizado por la FIFA en el marco de la VIII Olimpiada se enfrentaron en los cuartos de final Francia, el organizador de la competencia, ante Uruguay. El encuentro reunía condiciones históricas superiores. Por primera vez Francia rivalizaba en la cancha con un país no europeo. Uruguay ganó 5:1 delante de 50.000 personas que dejaron en la boletería el récord de recaudación de los juegos: 300.00 francos.

Agrega valoración de la goleada del equipo oriental algunos elementos que deben rescatarse. El 10 de abril de 1924 los uruguayos se transformaron en el primer país de América Latina en jugar al fútbol en Europa. Ese día vencieron 3:0 a una selección de La Coruña en la cancha del Celta de Vigo. A partir de ese momento los celestes acumularon una desgastante gira previa obteniendo nueve victorias. No hubo empates ni derrotas.

Al llegar a París el sorteo realizado por Jules Rimet, presidente de la FIFA y de la Federación Francesa de Fútbol, determinó que para ingresar a la grilla del campeonato mundial Uruguay debía enfrentar a Yugoeslavia. El 26 de mayo de 1924 los celestes golearon 7:0 al entonces potente adversario. El día siguiente Francia inició la participación en el torneo con un rotundo 7:0 dejando por el camino a Letonia. Se colocó el traje de favorito para conquistas la gloria, mientras los uruguayos el 29 de mayo vencieron a los Estados Unidos.

Apenas un puñado de orientales vislumbraban la posibilidad de eliminar a Francia aquella tarde del 1.º de junio de 1924. El cansancio acumulado, el rival con el traje de favorito apoyado por una multitud con menor derroche de energía previas, los árbitros, la cancha de Colombes que el equipo local conocía de memoria… nada impidió la impresionante victoria de Uruguay por goleada. ¡Cinco a uno!

En ese tiempo la pluma francesa de Andre Glaner estaba a la altura de Gabriel Hanot y de Frants Reichel. La crónica que escribió después de la eliminación de Francia a manos de los celestes entiendo merece ser rescatada hoy para que se conozca por las nuevas generaciones –en apoyo de lo afirmado por Tabárez-, la forma cómo se construyó aquella gloria celeste, base sólida del Uruguay del presente.

“La habilidad de los uruguayos resulta tal que no pecaría de exagerado quien afirmara que por momentos ante las espléndidas combinaciones de sus contrarios, los franceses se vieron en situación un tanto ridícula.

El equipo uruguayo dio oportunidad nuevamente de presenciar un sistema de juego desconocido hasta ahora en el continente. El grupo de los uruguayos entusiasmó al espectador. El triunfo se debió a la técnica de los vencedores y a la flojedad de la línea intermedia francesa. El equipo vencedor hizo gala de homogeneidad mereciendo destacarse Andrade por su juego movido y preciso. La línea media uruguaya actuó espléndidamente.

Los uruguayos jugaron brillante partido y obtuvieron una merecida victoria, estando constantemente en movimiento durante el segundo tiempo, especialmente mientras los franceses se mostraron desalentados. Si hubieran podido seguir el tren endiablado de los uruguayos –terminó declarando el capitán Dubly- hubiera podido vencerlos”.

El citado Reichel después del 7:0 de Uruguay ante Yugoeslavia, escribió: “sus hombres accionan rápidamente, tiran de distancia y con violencia que nunca había apreciado y en el passing (así se llamaba el pase largo) son maestros. Yo creo que este team puede alternar con los profesionales ingleses”.

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