El goleador olvidado

Héctor Sena Puricelli (AC Milan) sale al cruce del defensor.

Con el advenimiento del profesionalismo en Italia en 1929, fueron numerosos los jugadores uruguayos que se vieron tentados por las liras del país de la bota y por la aventura de medirse en el -a esas alturas- fútbol más poderoso del continente europeo.

Los que viajaron a Italia de forma casi permanente en los años treinta no fueron solamente orientales a los ojos de la Liga local, sino que, a sus efectos, fueron connacionales, ya que su condición de oriundi-es decir, descendientes directos de ancestros italianos- así lo marcaba.

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Siembra y cosecha

En la actualidad, es un hecho común que un futbolista uruguayo sea máximo anotador en cualquiera de las ligas más importantes del mundo.

Tan normal se ha vuelto que los orientales no han dejado con cabeza ni a la Serie A ni a la Liga de España ni a la Premier League y, mucho menos, a la Ligue 1, la Liga de Portugal y la Eredivisie.

Y fueron tres los jugadores que nos malacostumbraron: Diego Forlán, Luis Suárez y Edinson Cavani, tres referentes que ya se transformaron en leyendas vivas de nuestro balompié. A ellos, hoy se les añade un sucesor: Darwin Núñez.

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De aguatero a centre-half

Luis Alberto Delgado o “Coco” –como le decían todos- pasó su vida junto al club de sus amores. Su historia es de esas que regalaba el particular e incomparable fútbol uruguayo. Protagonista de un sueño que muchos tienen y pocos concretan.

De cumplir la función de aguatero de los muchachos danubianos que participaban en los diferentes campeonatos de las Ligas de barrio a vestir la “5” del primer equipo.

La carrera de Delgado fue de la mano con el paulatino crecimiento de Danubio. El club pasó de competir en los torneos barriales a ingresar en la A.U.F. y el “aguatero” se fue transformando en futbolista.

Danubio fue dejando atrás la Extra, Intermedia, Primera “B” hasta alcanzar el “círculo de privilegio” y el ahora joven centro medio comenzó poco a poco a cristalizar su sueño, vestir la casaca con los colores de su corazón.

Ya en el año 1949, se adueñó de la titularidad y del capitanato del equipo franjeado de 4ª división, que obtuvo el vice campeonato en el torneo “Gravigna Ortiz”. Un año después ingresó en Tercera, siempre como eje medio y capitán y en 1951 se mantuvo en la misma categoría, pero ya con alguna participación en los partidos de la Reserva.

“Coco” tuvo como espejos -en su posición- a dos fenómenos como Ernesto Lazzatti y Néstor Carballo. Cuando jugaba en 4ª. División, una mañana, Ernesto Lazzatti se largó al Parque Hugo Forno, para ver de cerca de quién se decía, llegaría a ser su reemplazante…. “Que desgracia la mía justo aquella mañana, jugábamos contra Defensor y me expulsaron…. Ni qué decir que salí de cabeza gacha, eludiendo la mirada de Lazzatti. Sin embargo, no me lo reprochó, al contrario, me dijo que me serviría de lección… desde aquella vez nunca más me expulsaron de una cancha.”

Delgado no fue ascendiendo de categoría por su incuestionable adhesión al club sino por sus innegables condiciones como futbolista. Y por fin su sueño se concretó…

Debutó en el equipo principal el 16 de diciembre de 1952, frente a Sud América y permaneció en el equipo hasta el final de ese Campeonato Uruguayo.

“Coco” recordaba su debut así… “ese día y el que Danubio subió a Primera División (1947) son los dos recuerdos más gratos de mi vida…”, indudablemente sus expresiones pintan su profundo sentimiento por el club de la Curva de Maroñas.

En 1954 integró el plantel que logró el subcampeonato en la Copa Uruguaya, repitiendo -cuatro años más tarde- ese segundo puesto en el Torneo Competencia. En 1960, ya en el ocaso de su carrera, dijo presente en el equipo que logró el ascenso a la “A”.

Si bien, tras varios años de defender a la franja, jugó en otros clubes uruguayos, jamás se alejó sentimentalmente de su amado “cuadrito”.  Ya retirado, fue un ferviente parcial danubiano, que junto a su señora acompañaba al equipo en todas las canchas uruguayas.

Su identificación y trayectoria con el club lo llevó a ser designado por la Asamblea de Socios como Socio Honorario.

Falleció en el año 2006 y pasó a integrar la galería de Leyendas danubianas. Fuente consultada: “EL DIARIO” (1953)

Leyenda ovalada. “Estás a un minuto del mundial”

Esa fue la respuesta del referee irlandés Alan Lewis cuando Diego Ormaechea le preguntó cuánto faltaba para que finalizara el partido en Casablanca. El capitán no lo dudo y pidió lanzamiento a los palos para sellar el pasaporte al Mundial de Gales de 1999. Sciarra ejecutó el penal y sumó los últimos 3 puntos que determinaron el resultado final de la llave. Los Teros se impusieron por un marcador global de 36 a 24 para clasificar por primera vez a la gran cita global de este deporte. Un verdadero “Maracanazo” ovalado que catapultó al rugby uruguayo amateur al máximo nivel de competencia profesional. Un ejemplo contundente de que la rica gloria celeste también se forjó en base a los éxitos obtenidos jugando con otra pelota.

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Los Rentistas que trabajan por la gloria

Los 88 años encontraron a los Bichos Colorados en su mejor momento deportivo. El plantel superior masculino pateó el tablero de la lógica de nuestra competencia local al coronarse campeón del Torneo Apertura el 14 de octubre de 2020.  El desempeño de la segunda parte de la temporada no se correspondió con lo hecho al principio  pero el rojo volvió a dar la nota al vencer al virtuoso Liverpool en la semifinal del Campeonato Uruguayo. Los 3 penales atajados por Rossi le dieron el pase a la gran final y su primera clasificación a la mítica Copa Libertadores de América.  Rentistas, al igual que en sus albores, quiere seguir creciendo a través de la conquista de nuevos territorios inexplorados. En los años 40, la aventura consistió en dejar la liga barrial para afiliarse a la AUF. En pocos días, comenzará  su expedición por el mayor torneo continental.

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Por las calles del fútbol II. Entrañable “Negro Jefe”: su ubicación no se encuentra.

Es imposible no hacer referencia cada mes de julio a lo sucedido aquel día 16 de 1950. Rememorar el “Maracanazo” no es vivir del recuerdo ni mucho menos. Es una causa de estricta justicia con aquellos aguerridos deportistas que le demostraron al mundo que el fútbol es el más ilógico de los juegos y que las principales limitaciones son las que nos imponemos nosotros mismos.  Así lo dejaron en claro este grupo de heroicos uruguayos bajo el liderazgo futbolístico y emocional de Obdulio Varela en una de las mayores hazañas en la historia del deporte moderno. El heredero del brazalete de José Nasazzi fue un actor preponderante en la conducción anímica del equipo para obtener el cuarto título mundial en un período de 26 años. Una hazaña que nadie ha igualado hasta el presente.

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