Bach (presidente del COI): teléfono del “Mariscal”

1924. Uruguay comienza a recorrer el camino de la gloria. ¿Dos medallas doradas olímpicas y una Copa del Mundo? El primero de los jugadores parados desde la izquierda es Héctor Scarone, el tercero es Pedro Cea, el quinto es José Leandro Andrade, el sexto es Pedro Petrone y el octavo, José Nasazzi. Hincado, en el extremo izquierdo, Santos Urdinarán. Ahí están, esos son…

«Sería fantástico que Lionel Messi pudiera estar (en París 2024). Los Juegos (Olímpicos) son una ambición de muchas estrellas del fútbol, como Kylian Mbappé. Para Lionel Messi significaría una oportunidad de escribir la historia otra vez. Podría ser el único jugador de la historia en tener dos medallas de oro olímpicas y la Copa del Mundo”.

Si esta frase la  hubiese dicho algún hincha despistado o sin conocimientos de la historia del fútbol, no hubiese sucedido nada. Puede pasar. Tampoco somos quiénes para pedir carnets de suficiencia a los apasionados del deporte.

Sin embargo, esta frase le pertenece al alemán Thomas Bach, presidente del Comité Olímpico Internacional, lo que demuestra un preocupante desconocimiento de una historia que, en materia futbolística, Uruguay escribió con letras doradas en 1924, 1928 y 1930.

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Jugador de selección, brilló en Danubio y Peñarol. Grande entre los grandes.

Desde pibe le corrió fútbol por sus venas, tal vez por ello, a pesar de tener otras posibilidades fue futbolista. Nació y vivió sus primeros años en el Cordón, pero cuando tenía 12 años se mudó justo atrás de la actual sede social danubiana.

“Lito” fue un jugador moderno e inteligente, que podía jugar como volante ofensivo o delantero. Con la virtud del oportunismo, del desmarque permanente, capaz de realizar una oportuna pared para crear el espacio para el compañero y dueño de un sorpresivo pique cortito.

Futbolísticamente dio a luz en Canillitas en 1954, pero dos años más tarde fue adquirido por Danubio en la friolera de 500 pesos. Una cifra increíble para un jugador de divisiones inferiores, no sin antes tener que soportar alguna dificultad, según recuerda Lito: “Danubio me había puesto el ojo, pero Canillitas no me dejaba ir, por ese motivo largué el fútbol, ya había comenzado a estudiar electrotecnia y me puse a jugar al basketball en Larre Borges. La gente de Canillitas no lo podía creer, aunque al final aflojaron, es que había que pagar 500 pesos por un purrete como yo.”

Con la franja en el pecho comenzó una exitosa carrera deportiva que lo llevó a jugar en la selección y en el exterior. Tras jugar un año en la 5ta división, en 1957 lo empiezan a utilizar también en 4ª, 3ª y Reserva llegando a jugar hasta tres partidos por fin de semana. 

El entrenador “Nino” Corazzo, se lo quiso llevar al plantel principal, pero “Lito”, de fuerte personalidad, dijo que sin contrato no jugaba, entonces retornó a las inferiores, pero al poco tiempo, a fuerza de goles se ganó el contrato y debutó en Primera con sólo 17 años. Aunque se afirmó en el primer equipo, tras regresar del campeonato sudamericano juvenil que se disputó en Chile en 1958 y que Uruguay se clasificó Campeón invicto.

En 1959, tras el recordado lío con Liverpool, el club danubiano fue sancionado y descendió a la divisional “B”. En el Campeonato Uruguayo de Segunda división de 1960, pese a que fue condenado a jugar siempre en carácter de visitante, Danubio que tenía un gran equipo y “Lito” era puntal y además el goleador, logró el campeonato y el rápido retorno al círculo de privilegio.

Su personalidad, condiciones y goles, comenzaron a despertar el interés de clubes del exterior como San Lorenzo de Almagro y la Roma de Italia, pero finalmente en el año 1964, fue transferido a Peñarol, donde también dejó importante huella. Con los aurinegros fue Campeón Uruguayo en los años 1964, 1965 y 1967, además, de consagrarse Campeón de la Copa Libertadores e Intercontinental de 1966.

Luego de jugar con gran éxito en el fútbol brasileño, a diez años de su partida, pero con la misma calidad de aquel pibe adolescente, regresó al equipo de la Curva de Maroñas para jugar por casi dos temporadas. “En Primera división, nací y morí con la camiseta de Danubio. Debuté a los 17 años y terminé con la albinegra en el pecho con 35 carnavales”, rememoraba Silva.

Entre 1961 y 1969 defendió a la selección mayor de Uruguay, totalizando 29 partidos y convirtiendo 7 goles. No jugó la Eliminatoria, pero sí el mundial de Chile ‘62, aunque no sería el único, pues también, participó del Mundial de Inglaterra ‘66. Además disputó las Clasificatorias para el Mundial de 1970 en México, pero lamentablemente una fractura defendiendo a Uruguay ante Paraguay, lo dejó fuera del plantel mundialista.

Años más tarde, retornó al club de la franja negra, para dirigir al equipo principal con el que consiguió el subcampeonato en el Torneo República en el año 1979. En 2005, asumió como supervisor de las divisiones juveniles danubianas, cargo que ocupó hasta 2011.

Fecha y lugar de nacimiento: 1 de febrero de 1940 en Montevideo

Fecha de fallecimiento: 29 de agosto de 2015

Trayectoria como jugador: Canillitas 1954, Danubio 1956-1963 y 1974-1975. Peñarol 1964-1970, Palmeiras 1970-1972, Portuguesa 1972-1973.

Con la Selección Uruguaya jugó los mundiales de 1962 y 1966.

Títulos como jugador:

Danubio: Campeón Uruguayo de la divisional “B” en 1960.

Peñarol: Campeón Uruguayo 1964,1965, 1967 y Campeón de América e Intercontinental de 1966.

Palmeiras: Campeón Nacional 1970

Selección Juvenil: Campeón Sudamericano 1958.

Trayectoria como entrenador

Danubio 1979, Selección de la “B” 1982-1983, Rentistas 1984-1985 y 1998-2002.

Supervisor divisiones juveniles de Danubio 2005-2011.

Títulos como entrenador:

Danubio: Vice campeón Torneo República 1979.

Copa América 1917: Doblete y la primera (de tantas) en casa

Los campeones. Parados, de izquierda a derecha: Jorge Pacheco, José «Cochemba» Vanzzino, Cayetano Saporiti, Grgeorio «Ensalada» Rodríguez, Manuel «Japonés» Varela y Alfredo «Mariscal» Foglino. Hincados, en el mismo orden: José «Botija» Pérez, Héctor «Rasquetita» Scarone, Ángel «Loco» Romano, Carlos «Rasqueta» Scarone y Pascual «Rata» Somma.

En 1917, Uruguay obtuvo por segunda ocasión consecutiva el título de campeón sudamericano tras el conquistado en 1916 en Buenos Aires. De esta forma, consolidaba su condición de potencia continental y lo hacía luego de vencer en su propia tierra, en la que, a partir de ese momento, jamás sería derrotado por Copas América. Precisamente, la edición de 1917, llevada a cabo en un nuevo e imponente estadio (Parque Pereira), puso en juego por primera vez el ya clásico trofeo.

LA GÉNESIS. EN MONTEVIDEO SE PONE EN MARCHA LA CSF

El sábado 16 y el domingo 17 de diciembre de 1916, se llevaron a cabo en la sede de la Asociación Uruguaya de Football las reuniones del Consejo de la Confederación Sudamericana de Fútbol. Se decidió que, a partir de 1917, se disputaría anualmente el Campeonato Sudamericano, fijándose la ciudad de Montevideo como próxima sede. Se encomendó a Héctor Rivadavia Gómez-presidente de la CSF- la adquisición de la Copa América que sería puesta en juego en la competencia, trofeo que quedaría en custodia del ganador hasta su nueva disputa.

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Scarone, la histórica pesadilla argentina que le calcó el gol 20 años después

José Piendibene es el máximo goleador uruguayo ante el seleccionado argentino con 18 tantos en 36 encuentros. Sin embargo, el máximo azote albiceleste en su historia (sí, leíste bien: historia) se llama Héctor Scarone.

“Rasquetita” le marcó 13 goles en 28 encuentros, pero lo suyo no se limitó solo a las conquistas en la red: su influencia fue total dentro del campo de juego… pero también afuera.

Basta con repasar la palabra de un símbolo argentino como el poderoso centre-half Luis Monti, “Doble Ancho”, rival en mil y una batallas del crack charrúa.

«De todos los adversarios que enfrenté, el único que no me dejaba dormir por las noches era Héctor Scarone».

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“El Expreso Minuano”

Referente ineludible del Danubio de los años setenta. Factotum del equipo que logró la histórica primera clasificación danubiana a la Copa Libertadores. Con la “celeste” fue campeón en juveniles y mayores.

Por la potencia y velocidad con que subía por el andarivel derecho lo llegaron a bautizar… “Expreso Minuano”, en creativa comparación con el bus que aún hoy recorre el trayecto Montevideo – Minas.

Sus primeros contactos con la pelota los dio en la calle Cochabamba, donde jugaba con muchachos mayores que él, situación que engendró su apodo de “Chico”. Luego jugó en un equipo denominado Arbolito F.C. situado en Camino Maldonado y Osvaldo Cruz.

Su inolvidable pasaje por el club de la Curva de Maroñas, inició en el Parque Hugo Forno al que llegaba luego de una larga caminata desde su casa, que según sus palabras “acortaba camino pasando por los campos”.

Entre 1972 y 1973 se desempeñó como puntero derecho en Quinta División y cuando en el año 1974 integraba el plantel de Cuarta, llegó con sólo 16 años, al plantel principal de la mano del entrenador Carlos Silva Cabrera. Lógicamente, por su temple, no le costó demasiado adaptarse a jugar en Primera división.

Con la franja negra sobre el pecho, fue subcampeón por dos veces de la Liguilla en 1975 y 1977, logrando en la última, la ya mencionada clasificación a la Copa Libertadores de América de la edición de 1978.

En aquella Copa, jugó a gran nivel, en el difícil grupo que Danubio enfrentó a Peñarol y a los equipos colombianos de Deportivo Cali y Junior de Barranquilla. Fue el autor del primer gol danubiano en la historia de la Copa Libertadores.

Tras finalizar la temporada de 1978 y luego de defender a los de la franja durante seis años, fue transferido a Nacional, donde también brilló. Fue Campeón de América y de la Intercontinental.

Del conjunto franjeado, Moreira recuerda y destaca a varios de sus compañeros “jugué con Lorenzo Carrabs, Nil Chagas, Carlos Cabrera, Julio Noble, Popelka, el Chifle Falero, Eliseo Rivero, Héctor Roux, Manuel Keosseián, Comesaña… muchos de ellos se dedicaron a la dirección técnica”.

La casaca “celeste” no le fue esquiva. En 1977, Raúl Bentancor quien lo había dirigido en Danubio, fue designado como entrenador de la Selección Juvenil que se preparaba para el Sudamericano de la categoría. Bentancor quería convocarlo, pero como puntero derecho tenía a Alberto Bica y… Moreira recuerda así la situación: «Me preguntó si me animaba a jugar de lateral y yo le dije que con tal de ir a la selección jugaba de cualquier cosa. Nunca más volví a la punta».

Con aquel plantel juvenil obtuvo, junto a los también danubianos: Víctor Duque y Eliseo Rivero, el Campeonato Sudamericano que se disputó en Venezuela en 1977. Aquel título, los depositó en el Mundial de la categoría jugado en Túnez, donde consiguieron el 4to. lugar.

Con la “mayor” disputó la Copa América de 1979, se coronó Campeón de Campeones en la Copa de Oro 1980, que se realizó en nuestro país y que albergó a las selecciones campeonas del mundo y participó de las Eliminatorias para el Mundial de España ‘82.

En 1984, se fue a Estados Unidos, donde se radicó definitivamente, para jugar al Indoor Soccer (una especie de fútbol de salón) desempeñándose durante varios años, con sólo un breve paréntesis en 1991, cuando integró el elenco de Tampa Bay Rowdies.

Por su coraje, adhesión y clase, José Hermes Moreira o simplemente el “Chico” es un ídolo eterno de todos los danubianos.

Copa América 1920: El continente volvía a ser celeste

Tras el pitazo final del duelo ante Chile, la foto de los campeones. Los jugadores en la parte superior son Romano (sentado), Ravera, Campolo y Piendibene. Hincados, de izquierda a derecha, Urdinarán, Somma (detrás de «Matucho» Fígoli con saco a rayas), Pérez, Legnazzi, Ruotta, Zibechi y Foglino.

El 26 de setiembre de 1920, Uruguay conquistó una nueva edición de la Copa América y, con tres títulos en apenas cuatro presentaciones, mantenía su condición de seleccionado más poderoso y laureado del continente.
Por primera vez, el torneo se llevó a cabo en Chile, en Viña del Mar, con los mismos combinados que competían desde 1916: la Celeste, Argentina, Brasil y los trasandinos.

PLANTEL. Uruguay volvió a confeccionar un gran plantel, con varios de los mejores futbolistas de Sudamérica, pero con un par de resonantes ausencias: Héctor Scarone e Isabelino Gradín, ambos por distintas causales. En el caso del primero, se debió a asuntos de índole personal.

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El “Dream Team” de los celestes… que nacieron en otro país

Desde comienzos del siglo XX, han sido varios los futbolistas de otros países que lucieron la camiseta del seleccionado uruguayo.

Cada época y circunstancia fueron distintas para ello: desde reglamentaciones que directamente no lo impedían como en los inicios del balompié pasando por nacionalizaciones, por ser hijos de uruguayos y hasta de participaciones especiales en amistosos de mayor o menor oficialidad.

Es por ello que, en este artículo y a modo de juego, vamos a crear el once ideal de los futbolistas que vistieron alguna vez la casaca oriental, pero que no nacieron en nuestro territorio.

Basándonos en el sistema clásico de 2-3-5, aportaremos también una lista de cinco “suplentes”.

Comencemos.

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A 40 años de la primera gran lección del Maestro

El pasado 23 de agosto se cumplieron cuatro décadas de la obtención de la primera medalla de oro en fútbol en los Juegos Panamericanos. El evento olímpico se desarrolló en Venezuela y los celestes se impusieron en la final a Brasil por 1 a 0. El fútbol oriental tachaba un nuevo torneo en su lista de trofeos pendientes y el Maestro comenzaba a dar sus primeras clases.

El fútbol uruguayo superaba el dolor de ver el mundial de España por televisión con la preparación de la Copa América de 1983. La Celeste había conseguido por última vez el mayor torneo continental en 1967 y tenía la obligación de volver a obtenerlo tras la dura eliminación de 1982. El objetivo era claro y preciso pero existía otro mojón previo en el camino de la gloria. La novena edición de los Juegos Panamericanos se celebraba en Venezuela y la selección uruguaya había clasificado a la gran fiesta olímpica del continente americano.  Este notable evento comenzó a disputarse en 1951 y el fútbol fue una de las disciplinas que estuvo presente desde los inicios. Sin embargo, el balompié uruguayo solo había participado  en 1963 y 1971  con actuaciones discretas en ambas ocasiones. Argentinos y brasileños ya habían ganado la medalla de oro y parecía el momento preciso para comenzar a disminuir las distancias en el palmarés con los tradicionales adversarios.

Un maestro a cargo de los gurises que viajan a Venezuela

El Profesor Borrás dirigía el seleccionado mayor y consideró oportuno que su ayudante Óscar Washington Tabárez fuera el técnico del equipo en el certamen continental.  «El Maestro» ejercía su profesión docente como Director de la Escuela N° 30 de la Villa del Cerro. Una institución señera en ese popular barrio de la ciudad que ha formado a miles de gurises en más de cien años de servicio a la comunidad. La foja de servicio de Tabárez ya contaba con varios renglones porque ejercía el magisterio desde hacía un buen tiempo. Sin embargo, en su otra gran pasión, estaba dictando sus primeras clases como conductor de un equipo de fútbol. Su único antecedente como director técnico radicaba en las divisiones formativas de Bella Vista tras presentarle al club papal un ambicioso proyecto de formación integral de todos los jugadores que alistados en las diferentes categorías de la institución. Esa iniciativa de carácter revolucionario para ese momento- y en la actualidad también- fue el germen del  exitoso proceso de selecciones nacionales que lideró entre 2007 y 2021. 

Entrevista publicada en El Diario a principios de agosto de 1983. Eran otros tiempos en el vínculo del Maestro con la prensa.

Tabárez aceptó el desafío propuesto por Borrás  y comenzó a planificar la competición. Los típicos conflictos del fútbol local determinaron que el nobel DT pudiera tener a los futbolistas a disposición tan solo 20 días antes de que empezara el campeonato. Pero como todo buen maestro, supo convertir esta dificultad en una gran oportunidad. La lista de buena fe tenía tan solo 18 lugares asignados y la misma fue conformada por una amalgama de jóvenes deportistas combinados con otros de mayor experiencia. Todos sabían que no era un torneo de primer orden y que las principales estrellas no iban a asistir. Pero también, eran conscientes de que se les estaba presentando la gran oportunidad de quedar en la rica historia del fútbol uruguayo con la conquista de un título inédito. Así fue que la Celeste se embarcó en Carrasco rumbo al sueño dorado en suelo venezolano.

El peculiar torneo del año 1983

En aquella edición participaron 10 selecciones que fueron divididas en 3 grupos. Los ganadores de cada serie pasaban a la semifinal con una extraña salvedad. Brasil llegaba al evento como campeón defensor  del título y clasificaba directo a la final por esta condición si ganaba su serie. Algo que culminó sucediendo tras conquistar su llave al superar a Argentina (2 a 0) y a México (1 a 0). Uruguay integró el grupo A junto al anfitrión y a Bermuda. El objetivo de conseguir el primer puesto no parecía tan complejo si se ponderaban los antecedentes futbolísticos de los participantes. El partido debut fue el 15 de agosto ante el combinado local y la Celeste se impuso por 1 a 0 con gol de José Batista a los 82´ de juego. Este cotejo resultó ser más complejo de lo previsto pero se logró sumar los dos primeros puntos en la tabla de posiciones. El segundo match se disputó a las 48 hs. y fue  frente al desconocido equipo de Bermuda.  Ricardo “Murmullo” Perdomo estuvo en cancha aquel día y en declaraciones a la colección Campañas de El Observador, recordó especialmente el encuentro. “El partido contra Bermuda fue el más difícil ya que nos pintaron la cara durante el primer tiempo”. El equipo caribeño sorprendió al team oriental pero los uruguayos sacaron a relucir su tradición futbolística. Aldo Azzinari marcó a los 56´ el único gol con el que se resolvió la contienda y la clasificación a la fase semifinal. En tan solo dos días, el equipo uruguayo ya había logrado su objetivo de pasar de fase mientras que la selección local estaba eliminada

La particularidad del reglamento del torneo establecía que los ganadores de los tres grupos tuvieran su medalla asegurada. Brasil había conseguido el pase directo a la final y el gran objetivo consistía en estar en lo más alto del podio. Guatemala había conquistado la serie C que fue la única que estuvo compuesta por cuatro selecciones. Esto determinó que el combinado de franja celeste tuviera que protagonizar tres partidos en tan solo seis días. Los guatemaltecos habían  dado un auténtico batacazo al vencer a Estados Unidos (3 a 0) mientras que  empataron con Chile (1 a 1) y con Cuba (1 a 1). Así sumaron los 4 puntos que les fueron suficientes para quedarse con el grupo.        

 

La final atrajo la expectativa de toda la población en horario central.

El partido semifinal se jugó el 21 de agosto y el equipo de Tabárez logró superar al fuerte combinado centroamericano por 2 a 1. Miguel Peirano fue la figura del encuentro al ser el autor de las 2 anotaciones orientales a los 48´ y a los 75´. Guatemala descontó a los 78´ y fue este, el primer y único gol que recibió la meta uruguaya en toda la competición. Un nuevo obstáculo se había superado y la final tendría clásico  sudamericano.

«Vayan pelando las chauchas». Uruguay volvía a vencer a Brasil en una final.

El encuentro definitorio se celebró el 23 de agosto en el Estadio Brígido Iriarte de Caracas. Uruguay ya había superado su propia performance en este torneo pero los alumnos querían otorgarle al maestro su mejor calificación. Un partido frente a Brasil nunca fue fácil para los charrúas y este caso no fue la excepción. El match fue muy parejo  y su resolución llegó sobre las postrimerías del mismo. La jugada comenzó en campo uruguayo y el balón llegó a Peirano tras dos pases efectuados con absoluta precisión. El delantero oriental se sacó de encima al marcador norteño y se fue expresó al área para superar al golero Hugo  con un furibundo disparo a los 83´. El gol representó un verdadero shock que dejó KO a al combinado brasileño y sin poder dar respuesta. Uruguay conseguía un lauro que hasta el pitazo final le faltaba. Este triunfo conforma la nómina de las únicas 12 medallas de oro que obtuvo en toda su historia el deporte uruguayo en los Juegos Panamericanos. La segunda presea en fútbol se obtuvo en 2015 tras vencer a México por 1 a 0 con gol de Brian Lozano. El  director técnico fue Fabián Coito y el Maestro Tabárez era el conductor de la selección mayor y de todo el proceso de juveniles. La Celeste irá nuevamente por la gloria olímpica continental en el próximo mes de octubre. El torneo de categoría sub 23 se celebrará en Viña del Mar y Uruguay integrará el grupo A junto a México, República Dominicana y Chile. ¿Una vez más el anfitrión verá su fiesta arruinada?

Partido final

Martes 23  de agosto de 1983.

Uruguay: José Luis Sosa, Alvaro Pérez, Santiago Javier Ostolaza, José Alberto Batista, Abraham Yeladián, Juan Pedro Rabino, Vicente Rudy Rodríguez, Ricardo Perdomo, Miguel Angel Peirano, Víctor Púa, Luis Heimen (Edgardo Martirena 76′).

Brasil: Hugo; Heitor, Everaldo, Guto, Jorginho; Édson Souza, Dunga, Neto (Adalberto); Helinho (Waldir), Marcus Vinícius, Paulinho.

Gol: 83´ Miguel Peirano.

Nota: Miguel Peirano fue goleador del torneo con 3 anotaciones. 

Plantel campeón

José Luis Sosa (Nacional), Mario Picún (Huracán Buceo), Gualberto De los Santos (Wanderers), Álvaro Pérez (Rampla Juniors), José Alberto Batista (Cerro), Juan Pedro Rabino (Progreso), Abraham Yeladián (Danubio), Santiago Javier Ostolaza (Bella Vista), Vicente Rudy Rodríguez (Libre), Ricardo Javier Perdomo (Nacional), Daniel Carreño (Wanderers), Luis Heimen (Sud América), Carlos Larrañaga (Bella Vista), Víctor Púa (Defensor), Edgardo Martirena (Atlético Fernandino de Maldonado), Aldo Azzinari (Defensor), Julio Rivadavia (Sud América), Miguel Ángel Peirano (Peñarol)

DT. Óscar Washington Tabárez

Preolímpico 1976: Cuando las «reglas» y los «criterios» nos dejaron afuera de Montreal

Uruguay en el Preolímpico 1976. Parados, de izquierda a derecha: Julio César Antúnez, Wilson Kénez, Rodolfo Rodríguez, Carlos Luthar (capitán), Carlos Boccone y Washington Olivera. Hincados, de izquierda a derecha: Rudy Rodríguez, Alfredo Cáceres, Horacio Italiano, Eduardo Pierri y Héctor Roux.

Entre el 21 de enero y el 1º de febrero de 1976, se disputó en Recife, Brasil, el Torneo Preolímpico que buscaba clasificar a dos selecciones al certamen de fútbol de los Juegos Olímpicos de Montreal, a jugarse en la segunda quincena del mes de julio.

Se trataba de la quinta edición del torneo, que se llevaba a cabo desde 1960, de cara a los JJOO de Roma. Sin embargo, hasta allí, la Celeste nunca había logrado avanzar a un campeonato que ya había obtenido en 1924 y 1928 y que, además, fueron los primeros campeonatos del mundo de todos los tiempos.

Claro, desde 1960 las condiciones de participación eran diferentes, con límites de edad o de monto cobrado de salario en sus clubes.

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Breve resumen de URUGUAY en las Eliminatorias

La Celeste vuelve al ruedo de la competencia oficial el próximo viernes 8 de setiembre, cuando se enfrente a su par chileno por la primera fecha de las Eliminatorias CONMEBOL, camino al Mundial 2026. Este clasificatorio presenta la ventaja de que ahora seis de las diez selecciones sudamericanas podrán clasificar de manera directa; mientras que el equipo que finalice en la séptima ubicación tendrá la opción de “una bala más” en el repechaje intercontinental.

El fixture

El camino del elenco que dirige Marcelo Bielsa está planteado de la siguiente manera:

Los números y su balance

URUGUAY se apresta a disputar su Eliminatoria número 18. La primera fue camino al Mundial SUECIA 1958, donde Los Charrúas sufrieron un duro revés al quedar eliminados por PARAGUAY, en un grupo también integrado por los colombianos.
Luego vinieron cuatro clasificaciones consecutivas para las Copas del Mundo CHILE 1962, INGLATERRA 1966, MÉXICO 1970 y ALEMANIA 1974. Cuando nuestros vecinos del Río de la Plata organizaron el certamen en 1978, lamentablemente sucumbimos estrepitosamente en una llave que aparentaba muy sencilla (con BOLIVIA y VENEZUELA como rivales). Para ESPAÑA 1982 tampoco logramos el boleto mundialista, siendo PERÚ el gran verdugo que nos ganó por 2 a 1 en el Estadio Centenario.

Con muchas dificultades, URUGUAY volvió a estar presente en los Mundiales de 1986 y 1990, pero nuevamente no se cumplió el objetivo rumbo a ESTADOS UNIDOS 1994, ya que brasileños y bolivianos se quedaron con los pasajes a dicha Copa. Para el Mundial FRANCIA 1998 se amplió el cupo de selecciones mundialistas, pasando de 24 a 32 participantes. Asimismo, cambió el régimen de las Eliminatorias y se pasó a jugar a dos ruedas, todos contra todos. BRASIL no fue parte de ese proceso, pues clasificó automáticamente por ser el vigente Campeón del Mundo. La Celeste terminó en una vergonzosa séptima ubicación, quedando a cuatro puntos de CHILE, el cuarto ubicado que clasificó junto a ARGENTINA, PARAGUAY y COLOMBIA.

Por cuatro Eliminatorias consecutivas nuestra selección terminó quinta, debiendo jugar sendos repechajes intercontinentales. El objetivo se cumplió en 2002, 2010 y 2014; perdiendo únicamente con AUSTRALIA y por penales en el trayecto con destino a ALEMANIA 2006. En la Eliminatoria para RUSIA 2018 se logró la clasificación directa por primera vez, consiguiendo el segundo puesto, debido a una gran cosecha de puntos como locales. Y para QATAR 2022 se repitió este hecho, cumpliendo con la meta con una fecha de anticipación, no sin antes sufrir bastante y descartar al entrenador Oscar Washington Tabárez a cuatro jornadas del cierre.

En suma, URUGUAY acumula 11 clasificaciones de 17 posibles, con 172 partidos jugados, de los cuales ganó 77, empató 46 y perdió 49. Los orientales han tenido una efectividad del 53,68%, sumando 277 de 516 puntos posibles (considerando 3 unidades por victoria como criterio homogéneo). Marcó 240 goles y recibió 186.

Los máximos artilleros

El salteño Luis Suárez no solo es el mayor goleador celeste, sino que también comanda la tabla histórica en todo el continente con 29 dianas. Su coterráneo Edinson Cavani le sigue con 18 tantos mientras que Diego Forlán completa el podio con 15 conquistas.

Invictos en los estrenos

Nuestra selección jamás ha perdido en un encuentro debut por Eliminatorias. Sobre 17 juegos consiguió 13 victorias y cuatro empates, con un rendimiento excelente en Montevideo (8 triunfos en igual cantidad de partidos). Los celestes han convertido en total 39 goles y recibieron tan solo 9.