El invierno de 1995 fue uno de los momentos de mayor éxito en la historia del deporte uruguayo. Por primera vez, las selecciones de fútbol y de básquetbol se consagran como las mejores de América del Sur en el mismo año y jugando como locales. Otro fenómeno criollo que dificulta el entendimiento foráneo sobre cómo esta nación pequeña puede acumular tantos triunfos deportivos.
El calendario deportivo nacional estuvo conmovido por aquel entonces. El año 1995 tenía dispuesto dos grandes citas sumamente esperadas por toda la afición deportiva. Luego de muchos años, la Copa América de fútbol y el Campeonato Sudamericano de básquetbol volvían a oficiarse en nuestro país y con muy pocos días de diferencia entre sí. El Estadio Centenario y el extinto Cilindro Municipal se vistieron de gala para albergar los principales partidos de las tradicionales gestas continentales. Los integrantes de ambos combinados nacionales salieron a escena con la responsabilidad que conlleva lucir las gloriosas casacas celestes en ambos deportes y bajo la premisa histórica de que “las copas se quedan en casa”. Una obligación que aquellos protagonistas contrajeron con gran compromiso para que el grito de “¡Uruguay campeón!” resonara bien fuerte en tan pocos días.
Seguir leyendo…








