La llama celeste: así comenzó la historia


El team oriental, los celestes, los charrúas, como quiera usted llamarle, sirve para describir esa llama sagrada que se prendió allá en los comienzos del siglo XX cuando once players “de por aquí” se enfrentaron por primera vez a un combinado extranjero. Desde ese día, jueves 16 de mayo de 1901, hasta hoy, Uruguay logró convertirse en uno de los países más laureados del fútbol mundial. No en vano nuestra selección ganó cuatro veces el campeonato del mundo, se convirtió en el país más ganador de la Copa América de Selecciones, y se dio el lujo de ganarle a Brasil en el mismísimo Estadio Maracaná, entre otras grandes proezas.

Todos estos sacrificados triunfos, más los conseguidos por los equipos locales, han llenado de trofeos las vitrinas de nuestra asociación e instituciones. Sin embargo, el paso del tiempo, tirano irremediable, nos aleja día a día de nuestro origen, lugar donde reside la explicación de las inigualables gestas conseguidas a través de los años por la selección uruguaya. Entonces, pensando en revitalizar nuestro sagrado ADN, es interesante recordar ese primer encuentro disputado entre uruguayos y argentinos, encuentro que dio origen, además, a la rivalidad futbolística más antigua entre países fuera del Reino Unido.

Antes de pasar a lo estrictamente deportivo hay que subrayar otras aristas de índole social y cultural que movían a Montevideo y el país a fines del siglo XIX. Lo primero es que debemos trasladarnos a un tiempo muy distinto, con un país que recién comenzaba a dar sus primeros pasos dentro del auge de la industrialización. Su población, menor al millón de habitantes, se encontraba mayormente apostada en Montevideo y sus alrededores. Mientras la aristocracia capitalina (en su mayoría extranjeros o hijos de) miraba hacia París y sus lujos, el “pobrerío” (que se extendía drásticamente a causa de las distintas masas migratorias llegadas a América) comenzaba a construir un cinturón de precarias viviendas a los alrededores de la capital, y con esto se adueñaba también de los descampados. En estos espacios verdes interminables, los criollos comenzaron a imitar a los “ingleses locos”, que, sin que nadie comprendiese lo que hacían corriendo detrás de un balón de cuero, estaban dando comienzo a lo que pasó a ser uno de los bienes más preciados de todos los uruguayos, la estirpe celeste.

El país comenzó a correr detrás de una pelota de cuero. Los equipos no eran de once jugadores, jugaban todos los que querían jugar, sin líneas marcadas ni reglas prestablecidas; jóvenes movidos por el primer chispazo de pasión futbolera en nuestro país. El tranvía (al comienzo eran coches tirados por caballos) se transformó en el transporte de cientos de muchachos que de una punta a la otra del nuevo Montevideo se trasladaban para demostrar sus habilidades, o simplemente para observar a los foráneos. La ball (bol – pelota) se adueñó del corazón de los uruguayos, y no solo de montevideanos y extranjeros, sino de todos los uruguayos, porque la noticia del nuevo sport comenzó a desparramarse por el territorio nacional y los clubes fueron fundándose uno tras otro a comienzos del siglo XX. Allí reside la mística charrúa, en la amplitud de territorio y pasión que logró tan rápidamente cubrir y despertar la pelota de cuero.

Los uruguayos encontraron en el football la excusa perfecta para divertirse, ejercitarse, competir y ser admirados por propios y extraños, todo a la vez. Es que el entretenimiento era escaso en el país, aunque distintas disciplinas como el cricket, pelota y remo, ya tenían cientos de seguidores. Pero fue el football el que cautivó a los nuestros, criollos y extranjeros. Estos últimos, por su poderío económico, político y cultural, sobresalieron y tomaron acción, despertando así la llama sagrada, la celeste.

Fue el caso de Henry Candid Lichtenberger (hijo de ingleses y discípulo de William Leslie Poole en el English High School), que con tan solo 18 años organizó a sus compañeros de estudio para fundar la Football Association el 1 de junio de 1891. A esta decana institución luego la conoceríamos como Albion.

Una década después Lichtenberger junto a otros dirigentes dieron vida a la Uruguay Association Football League, comenzando así en 1900 a jugarse un torneo local con reglas. La primera League fue disputada por cuatro equipos, Albion, CURCC, Uruguay Athletic y Deutscher, negándosele la participación al Club Nacional de Football, quien si disputó la segunda edición del certamen al año siguiente.

Junto a la nueva League llegaron los primeros encuentros frente a equipos argentinos. Es que Buenos Aires y Montevideo se enamoraron del football al mismo tiempo y varios de sus propulsores dejaron marcas profundas en ambas márgenes del Río de la Plata. Gracias al esfuerzo de Lichtenberger y otros de sus colegas (quienes a su vez eran también jugadores y jueces) se logró organizar el primer partido entre los dos “mejores teams” que podían presentar Uruguay y Argentina. Y aquí se genera la gran polémica, en la cual no voy a profundizar ya que varios excelentísimos historiadores de ambas orillas han desarrollado el tema en profundidad. ¿Fue este el primer partido entre ambas selecciones? ¿Presentaron ambos sus mejores jugadores?

En lo que a mi respecta, señalo este partido como el primero de la selección uruguaya basado en que fue la primera vez que un combinado de jugadores pertenecientes a la liga local se enfrentó en este caso al mejor combinado que en ese momento podían presentar nuestros hermanos argentinos. Además, como simple acotación pero no menos importante, he de destacar que el partido fue organizado por los principales dirigentes de ambas asociaciones, Lichtemberger y W. L. Poole por la uruguaya, y Botting y Chevallier Boutell por la argentina.

El match se disputó el jueves 16 de mayo de 1901 en el Campo Deportivo del Albion, en la Avenida 19 de abril del Paso Molino. A las 14 horas con 30 minutos el Referee Horace W. Botting (secretario honorario de la asociación argentina) dio por comenzado el encuentro. Uruguay, vestido con la tradicional camisa del Albion (azul y roja), ingresó con E. Sardeson; C. B. Poole (capitán), E. Cardenal; J. López, F. A. Cutler, M. Ortiz Garzón; J. Sardeson, J. A. Morton, W. L. Poole (en ese momento presidente de la Uruguay Association Football League), A. F. Lodge y B. Cespedes. Cabe destacar que solo dos jugadores de este eleven inicial no pertenecían al Albion: Mario Ortiz Garzón y Bolívar Cespedes, ambos players de Nacional. Una de las razones fue que esa tarde los directores de los talleres ferroviarios de Villa Peñarol no permitieron presentarse al encuentro a sus funcionarios (jugadores del CURCC) ya que debían seguir cumpliendo con sus funciones laborales. Queda claro entonces que Uruguay no presentó su mejor combinado, ya que no contó con jugadores de la talla de C. Buchanan, C. Ward, G. Davies y J. Pena, entre otros. Sin embargo, se destacó si la presencia de William Leslie Poole y Bolívar Cespedes. En cambio, los argentinos trajeron lo mejor que tenían por esos años. Además, los entendidos afirmaban que la selección argentina era la mejor de Sudamérica. Y seguramente lo era. Comenzaron el partido con R.W. Rudd; W. Leslie, A. C. Addecot; A. A. Mack, H. Rattcliff, E. L. Duggan; G. E. Leslie, J. O. Anderson (capitán), S. U. Leonard, Ch. E. Dickinson y G. N. Dickinson. Esta alineación contó con lo mejor de la liga local porteña (Lomas, Belgrano y Quilmes), destacándose los hermanos Dickinson, potentes forwards del club Belgrano. Sin embargo, faltó a la cita uno de los jugadores más importantes de la primera etapa del football argentino, J. R. Pelly, quien fue conocido por haber representado también al seleccionado de Inglaterra en varias ocasiones.

El partido se dio friccionado, pero con mucho juego ofensivo y llegadas a las goal-lines. Hay que tener en cuenta que en los albores de nuestro fútbol la táctica utilizada era 2-3-5, siendo dos los backs (defensas), tres los half-backs (mediocampistas) y cinco los forwards (delanteros). Esto transformaba a los encuentros en verdaderos espectáculos ya que los resultados solían ser abultados.

Lamentablemente para nuestros intereses, ni la prensa montevideana ni la porteña realizaron extendido seguimiento de tan importante evento deportivo, que, sin lugar a duda, quedó en la más rica historia de nuestro fútbol. El periódico “La Razón” si realizó una pequeña cobertura donde fue informando sobre el match, tanto los días anteriores como posteriores. Sin embargo, no se sabe mucho más. Argentina comenzó ganando el encuentro, dando vuelta el resultado Uruguay con goals de Bolívar Cespedes y Cecil Poole. En el segundo half, Dickinson y Anderson pusieron el 3 a 2 a favor de la selección visitante, consiguiendo así una victoria que se pronosticaba más clara. Pero no lo fue, la victoria de los argentinos fue si justificada por su dominio en el juego, pero nuestro combinado dio muestras de su poderío y de lo que nos esperaba a todos los uruguayos a lo largo de estos casi 120 años de historia.

Si señores, aunque nuestra selección perdió el primer partido, significó éste el puntapié inicial de una larga senda de gestas y logros deportivos que hacen de nuestro país un caso único, el de ser uno de los países más chicos (en población y territorio) del mundo fútbol, pero también uno de los más ganadores. Porque así somos, ganadores, y la historia así lo cuenta y ratifica.

Fuentes consultadas:

www.tenfield.com.uy El primer Uruguay-Argentina fue el jueves 16 de mayo de 1901 – Atilio Garrido.

http://www.chavofucks.com/argentina-uruguay-114-anos-de-futbol/

https://es.m.wikipedia.org:  Selección de fútbol de Argentina – Clásico del Río de la Plata.

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