River Plate Football Club: herencia Darsenera


La Liga “inglesa”

Cuando se fundó la “The Uruguay Association Football League”, allá por 1900, lo hicieron cuatro clubes: quien tuvo la iniciativa, Albion, que representaba de alguna manera a la comunidad inglesa; el CURCC, de la zona de Peñarol, que fue por muchos años el club de una empresa ferroviaria; el Deutscher Fussball Klub, con algunos integrantes y descendientes de la comunidad alemana, y el Uruguay Athletic, compuesto por hijos dilectos de familias de buena posición. Era una continuidad de las tradiciones inglesas, que comenzaron a resquebrajarse con la inclusión de Nacional (club criollo y en su mayoría estudiantes universitarios) al año siguiente. No tenía ni pretendía las dimensiones que hoy se le conocen, obviamente en un contexto histórico totalmente diferente, donde la máxima autoridad que se podría (en condicional) llegar a tomar en cuenta era la Liga Inglesa, ya que la FIFA se fundaría en mayo de 1904.

 

River Plate: el club de la Aduana

Aquellos jóvenes que en buena parte afincaban en la Aduana y zonas aledañas, se habían juntado con el único propósito de jugar al fútbol, un deporte que ganaba adeptos en todo el Uruguay y que no necesitaba de mayores recursos; este es el juego que tiene el arte de igualar en cantidad y posibilidades para cada equipo: once de cada lado y pelota al medio. Arcos imaginarios, redes invisibles y pelotas de cualquier material, son válidos para despuntar las ganas. A diferencia del resto, River Plate era un club sin fronteras, en el sentido más puro e inocente: jugaba el que lo hacía mejor. Como decía un artículo publicado en el diario “El Debate” (julio de 1932): “Así se vió a los Peyrou, Danero, Chery y otros salir de la calle Reconquista en dirección a Punta Carretas con los palos de goal al hombro y con un banco que les serviría de puente en las zanjas y para descansar un rato cuando el cansancio hacía presa de sus músculos. Así también los vieron los vecinos de Punta Carretas, cuando con una carretilla iban a buscar conchillas para marcar la cancha. De esta manera se forjó la grandeza de River Plate.”

River tuvo el arte de generar un conglomerado de padrón abierto, donde el Rey siempre es el Fútbol, y la pelota su Reina, donde no era posible la existencia de uno sin el otro; no había máquinas, ni otros deportes y mucho menos té a las cinco. Aquel “Viejo River” de los “periodistas”, como le decían algunos ya pasados unos años, era una gran amalgama social de los muchachos de la Ciudad Vieja, la Aduana, con sus brazos extendidos al Barrio Sur y al Capurro, pasando por “los cuadrados” de la Aguada (denominación asignada al trazado de la zona por estar cada manzana rodeada de paredes; era excelente para jugar al fútbol cuando se hacía un boquete para poder ingresar). Estibadores, changadores, canillitas, intelectuales, pitucos y malevos; trabajadores y holgazanes, jugaban aquellos que lo hacían mejor sin portar status o condición social. Tampoco distinguía banderas políticas: aunó el colorado y el blanco en su camiseta en honor a los caídos por la guerra civil de 1904, después de utilizar la de color negro. Eran los aficionados que vieron a los “ingleses locos” primero como espectadores, para soñar con cruzar la línea de juego de los campos de la Punta Brava y también de los que se exhibían en los field de la Liga. Con un componente fundamental; eran vistosos en el juego y exitosos en el resultado deportivo.

Con tanta simpleza y atrevimiento, de entrada no fueron aceptados. Para poder jugar en la Liga tuvieron que ingresar por una “ventana” recién en 1903, en la denominada “Segunda Categoría”, cuando nadie los quería dejar entrar a estos jóvenes que no cumplían ningún requisito social. Al mismo tiempo Wanderers ingresaba a la Primera División. ¿Motivos? Muchos y obvios, en un círculo clasista claramente de carácter aristocrático. Igualmente esto no amilanó el esfuerzo. Cada año el conjunto de la Aduana, el que no tenía dinero ni para un sello, ganaba los torneos hasta llegar a tres consecutivos contra todo y contra todos con tal de ganar el derecho de jugar en la máxima categoría. En cada torneo de aquel segundo escalón, peleó contra un rival diferente sin dejar de disputar ningún partido, mientras que cuando muchos equipos veían que el esfuerzo no valía la pena, ni se presentaban.

Aquel River incipiente, comenzó a forjar su camino también en los pasillos de la AUF con los escritos de Celestino Mibelli o León Peyrou, sembrando en cada expediente – sin quererlo – nueva jurisprudencia. Celestino se mostraba temperamental a diferencia de su hermano Roberto (otro de los fundadores), mientras León transmitía tranquilidad y un gran espíritu negociador. El humilde club ya comenzaba a resultar molesto, y más ¡si debía hacerlo en Primera! Sufrieron acusaciones de todo tipo de sus pares, con tal de no dejar crecer a los darseneros, aunque todo fue en vano.

Ya en el círculo de privilegio, y con las huestes inglesas ya reemplazadas por las locales, los delegados de River, León Peyrou y los hermanos Mibelli (entre otros), ayudaban a difundir las resoluciones de la Liga para hacerlas abiertas al público y la prensa, siendo por lo tanto más justas. Había llegado la democratización del fútbol a la Liga.

 

La crisis del crecimiento

Prontamente, de los fundadores desaparece el Uruguay Athletic. Albion comenzaba a sentir la necesidad del recambio generacional, no lo generaba y se apagaba lentamente; los “alemanes” del Deutscher probaron diferentes fórmulas y nombres hasta finalmente desaparecer antes de la primera década.

Nacional era una institución que contando con los primeros equipos criollos exitosos, demostraban sus diferencias con aquellos de origen extranjero. En 1911 vivió una crisis cuando dos corrientes disputaron la dirección del club. Una quería mantener un equipo estrictamente amateur, donde todos se conocían y pertenecían al mismo ámbito social. La otra corriente, que prevaleció, va a propiciar la participación en el primer equipo de jugadores de toda índole, a los que eventualmente se debía de remunerar de alguna forma. Nacional tuvo una sequía de títulos importante entre 1903 y 1911.

Situación a la inversa ocurre con el conjunto del ferrocarril: los inmigrantes se sentían posiblemente más identificados con los aurinegros. Habían sido campeones en 1900, 1901, 1905, 1907. Iniciaron las primeras prácticas de profesionalismo encubierto con la incorporación de varios jugadores del Nacional campeón de 1902 y 1903. A partir de 1907 las diferencias entre el club y las nuevas autoridades del Ferrocarril fueron creciendo. El último campeonato obtenido antes de la separación empresa – club en 1913  fue el de 1911 aunque se lograrían sobreponer.

 

River Plate: apogeo y decadencia

River  sumaba a los títulos de la Segunda Categoría (1903, 1905 y 1906), los torneos de Primera División de 1908, 1910, 1913 y 1914. Incluso pasó a tener uno de los mejores campos de juego como lo era el “Parque Lugano” (Joaquín Suárez y Lucas Obes), en el Prado, inaugurado el 26 de junio de 1913, a  pocas cuadras del actual Parque “Federico Omar Saroldi”.

Todo esto se lograba en base a esfuerzo y creatividad, procurando renovar y mejorar el equipo año a año, cuando todavía el amateurismo se buscaba sostener sobre todo en aquellos que no disponían de recursos económicos. Las camisetas desiguales, el cansancio y el pundonor de los jugadores por sobre la moneda o la comodidad, eran pilares que la gran mayoría trataba de cuidar. Cuando aparecía el dinero y a la vuelta de la esquina estaba la necesidad, se ensuciaba todo y comenzó a formalizarse lo que se conoció como “profesionalismo marrón”, hasta su instauración oficial en 1932 con el profesionalismo. Ya para 1915 el club se comenzó a desintegrar lentamente, y lejos de obtener la Copa Uruguaya en propiedad (por haber obtenido el trofeo en 1913 y 1914), pasó a navegar sin rumbo cuando veía las caras propias con camisetas ajenas. Un nuevo modelo – que apuntaba al profesionalismo –  comenzaba a transitar para ser homologado, como ya dijimos, después del Mundial de 1930. El club pudo sostenerse y formó parte también de la Federación cuando se produjo el “cisma” en fútbol local, pero ya no era el mismo; sostuvo su aliento hasta pasar la mitad de la década del veinte. Igualmente, una luz tenue permanecía destellando para no acabar su vida, a la vez que surgían nuevas fuerzas en la zona portuaria con Olimpia y Capurro. La rica herencia (no económica, por supuesto) y tradición quedó latente en ellos hasta su fusión en 1932 en los pasillos de la Asociación Uruguaya de Fútbol de la mano de un viejo conocido: Celestino Mibelli, en ese momento gerente de nuestra entidad rectora. A partir de ahí los viejos “darseneros” pudieron continuar aquel camino trazado en el actual Club Atlético River Plate.