Cerrito: un cuadro con alma de barrio


El equipo surgido en la esquina de León Pérez y Juan Acosta festeja sus 91 años y todos los vecinos lo celebran con orgullo. Nueve décadas repletas  de esfuerzos y sacrificios para que el cuadro salga a la cancha cada fin de semana y haga latir a los corazones bombeados por sangre verde y amarilla. Una historia fantástica en la que la pasión por el fútbol y el amor por el barrio se conjugan en una misma palabra.

Aquel 28 de octubre de 1929, todo empezó de la misma forma. Un grupo de muchachos que se reunía  en la  esquina de León Pérez y Juan Acosta armaron un cuadro de fútbol para competir con otros combinados de similares características. Tiempos pretéritos en los cuales jugar a la pelota era el principal entretenimiento de la juventud  y obtener los lauros de la victoria representaba la mayor recompensa. Así nació Cerrito. Como tantos otros cuadros pero con algo muy particular, su nombre. Aquellos gurises liderados por Esteban Marino tuvieron la virtud de fusionar en una sola palabra la identidad del barrio con la pasión por el juego del balompié. Son muy pocos clubes los que tienen el privilegio de llamarse como la propia barriada que los acuñó. Una historia de amor que se ve correspondida cada vez que salen a la cancha los colores del Cerrito de la Victoria.

Comprobante del socio Eladio Monteguín. Exhibido en sede social del club.

LOS ALBORES

El primer partido que disputó Sportivo Cerrito  fue un amistoso contra el cuadro  de la fábrica de bicicletas La Perla. Los muchachos ganaron 1 a 0 y utilizaron camisetas con rayas rojas y negras que fueron prestadas por el almacén mayorista de Molina.  Pero los botijas querían tener sus propias pilchas y emprendieron la campaña para definir sus colores. El recordado referee Esteban “Turco” Marino fue uno de los integrantes más activo del grupo de los fundadores. Su padre tenía una tienda en las inmediaciones de la centralidad de General Flores e Industria y fueron a gestionar ante él (entiéndase manguearle) un tramo de  tela para hacer sus primeras camisas en propiedad. “El viejo turco miró para atrás y tenía de clavo un rollo de tela amarilla y otro verde. ´¡Esto es de ustedes!´ dijo”.

Así relata Leonardo Muñoz como surgieron los colores de sus amores. Y agrega que “la gente piensa que los colores de Cerrito salieron por Brasil y no es así. Brasil jugó de blanco hasta 1950 y nosotros les prestamos los colores a ellos”. Leonardo es un reconocido hincha del club e hijo del entrañable  “Tito” Muñoz, otro de los destacados hacedores de la institución. Su padre fue el socio número 13 del padrón pero el tercero en los hechos. Una peculiaridad que radica en que los diez primeros números quedaron vacantes y nunca fueron completados por un motivo que se desconoce. Toda la familia Muñoz  está íntimamente ligada al club y el primer documento de identidad de cada uno de ellos es el carnet de afiliación. “Me hicieron socio a los 10 minutos de nacer. Yo nací a una cuadra de la sede. Mi padre era directivo, salió de mi casa y cuando pasó por la puerta del club, le preguntaron si era varón. Me hicieron socio y no tenía nombre. Mi hijo tiene un día más de socio que de vida porque lo afilié un día antes de su nacimiento. Mi nieto lo hice socio con la ecografía y Vicente, el perro de mi casa, también es socio” confesó Leonardo frente a este servidor. Él tiene 66 años y desde muy joven colabora con el club asumiendo diferentes roles. “Siendo gurises, en San Martín y Propios, creo que inventamos los peajes. Juntábamos baldes enteros de monedas para pagarle a los jugadores. No sé si nos daban por simpatía o porque nos tenían miedo” Así representa Leonardo una escena ilustrativa de aquellos tiempos románticos. Reseñas que atesoran el más rico patrimonio que tiene un club como lo son sus hinchas. Algo que no pueden comprar los millones de ningún  régimen profesional moderno.

LOS QUE PERMANECEN EN EL CORAZÓN DEL HINCHA

No hay respuesta más subjetiva que la que emite un hincha cuando se le pregunta por su jugador preferido o por el plantel que más lo conmovió. Una opinión del corazón  que prescinde por completo de la razón. Para Leonardo, el plantel del 70´ fue el mejor porque “tenía unos jugadores bárbaros”. Y recuerda especialmente a Julio “El milico” Larrosa. “Nació en Danubio y vino a Cerrito desde Independiente de Argentina cuando era campeón de América. La ponía donde quería. Le decía a los goleros adónde iba la pelota. Era un fuera de serie”. El plantel de 1970 consiguió el campeonato de Intermedia y es uno de los más recordados por la afición auriverde. Muchos de sus integrantes continúan yendo a ver al club. Por su parte, Mario “Polo” Denis considera que el equipo campeón de la C de 1982 fue  el mejor que vio. Y destaca con emoción al arquero de aquel plantel; “para mí Carlitos Queijas fue el número 1. Es el referente que más me ha quedado”.  Denis era adolescente y fue testigo desde la tribuna de la histórica campaña. Se hizo socio ese año  y jamás olvidará aquellos gloriosos momentos. También recuerda la forma de jugar del equipo de 1985 que perdió un ascenso con Fénix en el Parque Central y la finalísima con Racing de 1989  en el Estadio Luis Franzini. Aquel día fueron 9.000 seguidores  de Cerrito al Parqué Rodó y un buen número de aficionados se quedaron sin entradas. La victoria fue para “La Escuelita” de Sayago y Cerrito vio frustrado su pasaje al círculo de privilegio.

Inolvidable cuadro: Parados: Scavoni (utilería), H.Silva, M Spósito, C. Queijas, C. Rodríguez, J Bentos, H. Collardo (D.T). Abajo: Pérez (kinesiólogo), W. Porciúncula, L. Bianchi, W. Yáñez, C Regueiro,  V. Doroskewich, J González.

Igualmente, y más allá del paladar futbolístico de cada uno, el equipo del 2003 tiene un lugar destacado entre todos los simpatizantes. El plantel dirigido por Raul Moller consiguió el postergado ascenso a primera división consagrándose campeón frente a Rentistas en el mítico Estadio Centenario.  Daniel Ithamoussu vio a muchos jugadores lucir la casaca amarilla número 9 y elige al centro delantero  de aquella temporada como el mejor. “Everaldo Ferreira fue un brasilero que jugó de 9 cuando  subimos a la A. Hacia goles tipo Artime. Le pegaba con la cola o con el hombro y era gol. Hacia cualquier pirueta. ¡Y como saltaba! Aunque no era muy grande”. Esta descripción define a la perfección  el exitoso pasaje del goleador norteño que vistió  la “verdeamarelha” de Cerrito. La conversación sigue y los recuerdos de jugadores, goles y campañas continúan brotando como lo hace el agua de un caudaloso manantial. Pero todos los cerritenses tienen una sola opinión con respecto al futuro. Quieren conseguir un nuevo ascenso en este campeonato  y poder disputar una copa internacional. Un sueño tan grande como el que motivó a los botijas para formar un cuadro de fútbol hace 91 años.

EL SUEÑO DE LA CASA PROPIA

Bajo los cimientos de la UTU de General Flores y Propios yace el viejo Parque Maracaná. Una cancha sin mayor infraestructura  por la cual desfiló una extensa lista  de cracks. Alcides Chiggia y el “Cotorra” Míguez iban a jugar allí mientras “estaban aburridos” de su licencia en Peñarol. Por otra parte, sus compañeros de Maracanazo, Ruben “Tiza” Morán y Héctor Vilches comenzaron sus carreras como futbolistas allí jugando por Sportivo Cerrito. A mediados de la década de 1980, la Intendencia de Montevideo expropió el predio y se lo entregó a la ANEP para que se construyera el innovador centro educativo. Un grupo de hinchas y dirigentes, entre ellos  Leonardo Muñoz, comenzó la incesante búsqueda de un nuevo terreno para levantar una cancha en la que se pudiera jugar como local. Leonardo rememora que todo empezó en el 87 con Artigas “El Yuyo” Melgarejo como edil de la minoría de izquierda. Se solicitaron más de 20 terrenos libres en el departamento y todos los pedidos fueron denegados por la Junta Departamental. Finalmente, y en pleno SXXI, se le otorgó a Cerrito un amplio terreno en los alrededores de Aparicio Saravia y San Martín. Allí se levantó el nuevo Parque Maracaná  cuyo nombre se conservó para continuar con la tradición, La cancha se inauguró el 20 de setiembre de 2008 con el partido disputado entre el dueño de casa y Huracán Buceo. Los anfitriones vencieron por 3 a 0 y el primer gol oficial lo convirtió Richard Requelme a los 14  minutos. Luego de una década, la cancha de Cerrito es uno de los mejores escenarios de la segunda división profesional y no tienen nada que envidiarle a varias canchas de primera división. Posee una capacidad para 8 mil espectadores, modernos servicios higiénicos, amplios vestuarios con piletas para trabajos regenerativos, oficina para el cuerpo técnico, salón multipropósito y gimnasio. Un proceso constante de  crecimiento rumbo al centenario.

La construcción del edificio de la sede social de Juan Rosas 3815 fue otra gran conquista de toda la familia auriverde. Un verdadero punto de referencia para toda la barriada.

SOÑANDO CON VOLVER

En la temporada anterior, el club auriverde vio frustrado su retornó a Primera División tras no poder acceder a la final por la disputa del tercer ascenso. Pero lejos de bajar los brazos, la institución siguió trabajando en función del anhelado objetivo. El equipo dirigido por Ronald Marcenaro marcha primero en la clasificación del Campeonato de la Segunda División Profesional y tiene importantes posibilidades de visar su pasaje a la A debido a la diferencia de puntos con respecto a sus escoltas y a tan solo 7 jornadas de finalizar el torneo a la fecha de su aniversario N° 91.  Una buena forma de honrar la memoria de aquellos pioneros que le ganaron al equipo de los trabajadores de la fábrica La Perla.

 Plantel 2020. Foto: @webcerristones y @PrensaCerrito

PALMARÉS

Divisional B: 2003. Divisional C: 1992, 1998. Divisional Intermedia: 1951, 1970. Divisional Extra: 1948

Ascensos. 2003, 2008/2009, 2010/2011